Tiempo de atención en niños según la edad: qué es normal

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El tiempo de atención es lo que un niño aguanta con una tarea antes de que su atención se vaya a otra parte, y no existe una cifra comprobada de minutos por año de edad que marque lo normal. Te sirve más saber de qué depende la atención de tu hijo cada día y partir las tareas en trozos cortos con pausas.

La regla de los minutos por año y de dónde sale

Si buscas cuánto dura la atención de un niño, casi siempre aparece la misma cuenta: entre dos y tres minutos por cada año de edad, y en algunas páginas hasta cinco. Según eso, un niño de 5 años aguantaría de 10 a 25 minutos y uno de 8, de 16 a 40.

Averiguar de dónde viene la regla es más difícil de lo que parece. No hemos encontrado ningún estudio que la haya calculado o comprobado. Pasa de una web a otra y de una revista a otra, casi siempre sin fuente.

Eso no quiere decir que las cifras no valgan nada. Como orientación muy general sirven. El problema empieza cuando la regla se convierte en una vara de medir y cada minuto por debajo parece un fallo de tu hijo.

Tiempo de atención en niños según la edad: las cifras que circulan

Para que sepas de qué se habla, estas son las cifras que salen de la regla con dos a cinco minutos por año. Son valores que se repiten mucho, no mediciones de ningún estudio:

  • 3 años: de 6 a 15 minutos
  • 4 años: de 8 a 20 minutos
  • 5 años: de 10 a 25 minutos
  • 6 años: de 12 a 30 minutos
  • 8 años: de 16 a 40 minutos
  • 9 años: de 18 a 45 minutos

Los propios márgenes muestran el problema. Que un niño de 5 años aguante 10 minutos o 25 con una actividad es una diferencia enorme, y la regla no dice cuál de las dos cifras vale.

Hay un dato algo más sólido. En su lista de indicadores del desarrollo, los CDC de Estados Unidos incluyen a los 5 años que el niño presta atención de 5 a 10 minutos durante una actividad, por ejemplo cuando le cuentas un cuento o hacéis manualidades, y el tiempo de pantalla no cuenta. En la lista solo entran cosas que logra al menos el 75 % de los niños de esa edad (CDC). Es más bien un mínimo que alcanza la mayoría que una media. Aun así, queda muy por debajo de lo que promete la regla.

Por qué no existe una única cifra

La psicóloga del desarrollo Adele Diamond distingue dos tipos de atención. Una la atrae algo de fuera, un movimiento o un ruido fuerte, queramos o no. La otra la dirigimos nosotros porque tenemos un objetivo, y para eso dejamos fuera todo lo demás. Este segundo tipo forma parte de las funciones ejecutivas, que en los niños maduran despacio (Diamond 2013).

Eso explica una escena que conocen muchas familias. El sábado tu hijo pasa media hora construyendo un castillo con piezas. El lunes se levanta de la ficha del cole a los cinco minutos. El castillo le sujeta la atención solo. Con la ficha tiene que sujetarla él, y eso cuesta mucho más.

También es interesante qué cuentan los investigadores como constancia. En un estudio de largo plazo en Estados Unidos, las madres valoraron a sus hijos de 4 años: ¿juega mucho rato con un mismo juguete? ¿Sigue cuando algo se pone difícil? Los niños con mejor valoración tuvieron después, de media, mejores resultados en lectura y matemáticas y terminaron estudios universitarios con más frecuencia (McClelland et al. 2013). Es una relación, no una prueba de causa y efecto, y las familias eran poco diversas. Pero fíjate en lo que se midió: no minutos, sino constancia.

De qué depende la atención de tu hijo

Cuánto aguanta tu hijo con algo cambia de un día a otro y de una tarea a otra. Esto es lo que más influye:

  • Interés y elección: lo que tu hijo ha elegido atrae su atención por sí solo. Con una tarea que le pones tú, tiene que mantenerla a base de esfuerzo.
  • Cansancio y hora del día: según Diamond, las funciones ejecutivas son las primeras en resentirse cuando alguien está estresado, triste, solo o falto de sueño (Diamond 2013). Después de un día entero de cole, a menudo queda poco.
  • Sueño: según los CDC, a esta edad los niños necesitan de 10 a 13 horas de sueño al día, siestas incluidas, y conviene evitar las pantallas entre 1 y 2 horas antes de acostarse (CDC).
  • Hambre: una revisión encontró un efecto sobre todo positivo del desayuno en lo centrados que están los niños en clase, aunque describe los datos en conjunto como mixtos (Adolphus et al. 2013).
  • Pantallas justo antes: en un experimento, niños de 4 años que acababan de ver nueve minutos de unos dibujos animados muy rápidos lo hicieron peor en tareas de autocontrol que los que habían estado dibujando (Lillard y Peterson 2011). Fue un estudio pequeño y solo midió el momento inmediatamente posterior.
  • Ruido y jaleo: a los niños les cuesta más que a los adultos ignorar sonidos que no vienen al caso, así que el ruido de fondo los saca antes de la tarea (Klatte et al. 2013). La tele encendida o un hermano en la misma mesa cuestan minutos.

Cuánto aguanta tu hijo: observa y luego planifica

En vez de una tabla, usa tu propia mirada. Durante una semana, elige dos o tres tareas habituales y fíjate en cuándo empieza a moverse en la silla: un puzle, una ficha para colorear, los deberes.

Apunta los minutos más o menos, sin poner un cronómetro en la mesa. Importa menos la cifra exacta que el patrón. ¿Es más corto después de cenar? ¿Mucho más largo con manualidades que con letras? ¿Distinto el fin de semana que al volver del cole?

Si tu hijo pasa horas con una cosa y apenas empieza otra, no es ninguna contradicción. Muestra cuánto pesan el interés y cómo esté el día. Si mantener la atención es una lucha diaria, encontrarás pasos concretos en Niño que no se concentra: qué hacer desde hoy.

Partir las tareas y planear las pausas

Con lo que has observado puedes hacer un plan. Ajusta las tareas para que quepan un poco por debajo del tiempo que tu hijo maneja ahora.

  1. Partir lo grande: en vez de «recoge tu cuarto», primero los coches a la caja y luego los cuentos a la estantería.
  2. Decir dónde está la meta: «Dos líneas y descanso». A muchos niños les cuesta menos empezar si saben cuándo se acaba.
  3. Descansar antes de agotarse: levantarse, beber agua, dar diez saltos. Luego, a por el siguiente trozo.
  4. Alargar poco a poco: si una duración sale bien varios días, añadid un poquito. Si no sale, volved atrás sin comentarlo.

Para los minutos justo antes de los deberes hay una rutina aparte: Ejercicios de concentración antes de los deberes.

Juegos en los que aguantar es divertido

Los juegos cortos con un final claro encajan bien con lo que has observado: duran unos minutos y tu hijo ve cuánto le queda. La investigación no dice si este tipo de juegos alarga la atención en tareas muy distintas. Una revisión crítica de programas para las funciones ejecutivas encontró que los niños mejoran sobre todo en lo que practican en concreto (Diamond y Ling 2016). Por eso, los juegos de aquí son simplemente ideas para casa, no un programa de entrenamiento.

En Sigue las ondas, tu hijo sigue despacio con un dedo una línea ondulada de color. Dura unos minutos y tiene una meta visible: el final de la línea.

En Busca los puntos, tu hijo tira el dado y busca y rodea exactamente esa cantidad de puntos. Tiene que recordar el número mientras busca con la mirada.

Para niños de primaria va bien Reglas de puntos: cada color tiene su propia marca y tu hijo recorre la hoja entera. Es una pequeña prueba de constancia en la que se ve cuánto queda.

Como ronda de movimiento antes, prueba la Marcha cruzada: marchar en el sitio llevando cada codo a la rodilla contraria. Como final tranquilo después, la Respiración con formas, en la que un dedo recorre una forma. Encontrarás más ideas en los ejercicios de atención para niños.

Cuándo pedir ayuda

Que un niño pequeño aguante poco es normal y no es motivo de preocupación por sí solo. Habla con el pediatra si algo te inquieta, por ejemplo si tu hijo apenas aguanta ni con sus juegos favoritos, si en el cole o en la escuela infantil te lo comentan una y otra vez o si él mismo lo pasa mal.

El pediatra puede valorar si hay otra causa, como un problema de vista o de oído, y derivaros a un especialista si hace falta. Si te ronda la idea del TDAH, en Sospecha de TDAH en niños: qué hacer como familia tienes los primeros pasos. Aquí no encontrarás, a propósito, una lista de señales para marcar.

Ejercicios relacionados

Preguntas frecuentes

¿Hay una fórmula para el tiempo de atención de los niños?

La regla más repetida es de dos a tres minutos por año de edad, a veces hasta cinco. No hemos encontrado el estudio del que sale, así que tómala como mucho como una orientación general. Los CDC de Estados Unidos dan como indicador a los 5 años de 5 a 10 minutos en actividades como un cuento o una manualidad, bastante menos que muchas cifras de la regla (CDC).

¿Cuánto dura la atención de un niño de 4 años?

No hay una cifra fiable. La regla diría de 8 a 20 minutos, pero nadie lo ha medido así. Muchos niños de 4 años pasan mucho rato con un juego que han elegido y se desenganchan de una tarea impuesta a los pocos minutos. A esta edad, mejor fichas y tareas de mesa cortas, y parar mientras todavía es divertido.

¿Cuánto tiempo de atención tiene un niño de 5 años?

Según los CDC, a los 5 años la mayoría de los niños presta atención de 5 a 10 minutos en actividades como escuchar un cuento o hacer manualidades, sin contar pantallas. Algunos aguantan mucho más con su actividad favorita, y también es normal. Observa cuánto aguanta tu hijo con distintas tareas y planifica un poco por debajo.

¿Hay estudios sobre el tiempo de atención según la edad?

Los estudios suelen medir la atención con tareas concretas, a menudo en ordenador, y no como una cifra general de minutos. Muestran que la atención que dirigimos nosotros mismos madura despacio a lo largo de la infancia (Diamond 2013). No hemos encontrado una tabla de minutos por año basada en ese tipo de datos.

Para seguir leyendo

Fuentes

  1. Diamond (2013): Executive Functions, Annual Review of Psychology
  2. CDC: Indicadores del desarrollo a los 5 años, cdc.gov
  3. McClelland et al. (2013): constancia en preescolar y trayectoria educativa hasta los 25 años, Early Childhood Research Quarterly
  4. Adolphus et al. (2013): efectos del desayuno en la conducta y el rendimiento escolar, Frontiers in Human Neuroscience
  5. Lillard y Peterson (2011): efecto inmediato de distintos tipos de televisión en las funciones ejecutivas, Pediatrics
  6. Klatte et al. (2013): revisión sobre el efecto del ruido en el rendimiento cognitivo infantil, Frontiers in Psychology
  7. Diamond y Ling (2016): revisión crítica de programas para las funciones ejecutivas, Developmental Cognitive Neuroscience

Este artículo es una ayuda para el día a día en familia. No sustituye un diagnóstico ni el consejo de un médico, psicoterapeuta o terapeuta ocupacional. Más información