Tolerancia a la frustración en niños: cuando perder duele
La tolerancia a la frustración es la capacidad de aguantar una decepción, una espera o un fallo sin estallar ni rendirse enseguida, y en los niños crece despacio a lo largo de muchos años. Este artículo trata de un adulto tranquilo que pone nombre a lo que siente el niño y mantiene la norma, y de juegos en los que perder llega en pequeñas dosis.
Cómo crece la paciencia con la edad
Las rabietas son frecuentes sobre todo entre los 2 y los 4 años y expresan la desilusión del niño al no conseguir lo que desea, también porque a esa edad su lenguaje todavía no basta para expresar lo que siente. Suelen desaparecer a medida que aprende a canalizar la frustración (Famiped, AEPap).
Un estudio en Estados Unidos siguió a 120 niños desde los 18 meses hasta los 4 años. En cada visita, los niños tenían que esperar ocho minutos para conseguir un regalo (Cole et al. 2011):
- A los 18 y 24 meses, la mayoría se enfadaba enseguida y le costaba apartar la mirada del regalo.
- A los 3 años, muchos se distraían antes de enfadarse, y los enfados duraban menos.
- A los 4 años, solían decirle un momento a su madre que esperar era difícil y luego se entretenían solos. De media, no parecían enfadados hasta la segunda mitad de la espera.
Los autores señalan que a los 4 años esta capacidad de regularse sigue siendo limitada. Y también un niño de primaria tira las cartas algún día malo.
Por qué perder duele tanto
Domingo por la tarde, parchís en la mesa del salón. Tu hija está a punto de meter su última ficha en casa cuando su hermano se la come. Un segundo después, el tablero está en el suelo. Suelen juntarse varias cosas:
- La edad: aprender a frenar las emociones y a ponerles palabras lleva años.
- La imagen de sí mismo: en un estudio con niños de 4 y 5 años de China y Países Bajos, los niños sobrestimaron cómo les iría en una prueba de movimiento, aunque no en una de memoria (Xia et al. 2023). Quien está seguro de ganar cae desde más alto.
- El momento del día: el hambre, la sed, el cansancio, el sueño o el aburrimiento favorecen las rabietas (Famiped, AEPap). La misma partida cuesta más después de un día largo de colegio que un sábado por la mañana.
Así que un niño que no sabe perder no tiene un defecto de carácter: está aprendiendo algo que todavía crece.
Qué decir cuando llega la frustración
En el primer momento, tu hijo necesita a alguien que se dé cuenta de lo que le pasa. La Asociación Española de Pediatría recomienda comprender la emoción del niño, aceptarla y describírsela: sentirse comprendido por una persona querida y poder poner nombre a la emoción facilita el inicio de la regulación emocional (AEP, En Familia). Algunas frases:
- «Estás muy decepcionado. Tenías muchas ganas de ganar.»
- «Qué rabia, que te coman justo antes de llegar a casa.»
- «Puedes estar enfadado. Las fichas se quedan en la mesa.»
Mejor evita «Si solo es un juego». Para tu hijo, en ese momento, no lo es, y la frase le dice que lo que siente está mal.
El límite se mantiene. Como recuerda la AEP, cualquier emoción es válida, pero no cualquier conducta (AEP, En Familia). Quien pega o tira el tablero hace una pausa. Si llega una rabieta de verdad, toca cercanía y seguridad, y hablar después. Encontrarás cómo practicar esperar y frenar en momentos tranquilos en Juegos de control de impulsos para niños en casa.
No dejarle ganar siempre y saber perder tú
Muchos padres dejan ganar a su hijo para que la tarde acabe en paz. De vez en cuando no pasa nada, pero si ocurre siempre, al niño le falta justo la experiencia que necesita. En lugar de jugar mal a escondidas, equilibrad la partida a la vista: tú juegas a las parejas con una mano a la espalda, o tu hijo sale dos pasos por delante en la carrera del pasillo. Así, una victoria es de verdad, y una derrota también.
Tu hijo también se fija en cómo pierdes tú. Los niños, sobre todo los pequeños, aprenden en gran medida observando a sus cuidadores, y mejorar nuestra propia gestión emocional puede ser la mejor manera de enseñarles (AEP, En Familia). Di en voz alta lo que te pasa: «Vaya, me han comido. Me fastidia. Respiro y sigo jugando». Y felicita al ganador con un apretón de manos.
Si tu hijo no sabe perder: elige bien los juegos
Si cada partida acaba en pelea, cambia el orden de los juegos y empezad por donde perder duele menos:
- Primero, juegos cooperativos: todos juegan juntos contra el juego, por ejemplo construir una torre antes de que se acabe el reloj de arena. Se gana o se pierde en equipo.
- Después, juegos de azar: en los juegos de dados decide el dado. Nadie ha jugado mal, y tu hijo puede ganar a un adulto de verdad.
- Luego, juegos de estrategia como las parejas o el cuatro en raya, mejor con ventajas pactadas.
- Partidas cortas: mejor tres de cinco minutos que una de una hora. La siguiente oportunidad llega pronto.
- Una revancha pactada: acordad antes que quien pierde puede pedir siempre una revancha y que la partida se acaba si vuelan fichas. Al final, apretón de manos y «Buena partida».
La AEP aconseja a las familias fomentar la cooperación y la colaboración más que la competición (AEP, En Familia). Un ejemplo de juego cooperativo con poco material: construís juntos una torre de bloques mientras corre un reloj de arena. Cada uno pone un bloque por turnos. Si la torre se cae, os reís juntos y empezáis de nuevo. Si sigue en pie cuando se acaba la arena, habéis ganado todos. La próxima vez, tu hijo elige cuántos bloques usar o qué reloj de arena coger.
Cómo trabajar la tolerancia a la frustración en niños: el reto justo
La frustración también aparece fuera de los juegos: la cremallera se atasca, el puzle tiene demasiadas piezas. Una idea para el día a día son tareas que tu hijo casi consigue, con un poco de ayuda. Un ejemplo: en un puzle, tú buscas las piezas del borde y tu hijo monta el resto. En el siguiente puzle, las busca él.
En Coloca los puntos, tu hijo mira un momento un patrón de colores y luego lo reconstruye de memoria. Empieza con pocos puntos y añade uno cuando salga bien. Si algo falla, quita un punto sin comentarlo. Así los errores llegan en pequeñas dosis.
En El juego de lo contrario, tu hijo hace siempre justo lo contrario de lo que dices. Los fallos llegan solos. Cambiad los papeles de vez en cuando: si te equivocas tú y te ríes, tu hijo ve que un error no es un drama.
Y reconoce el esfuerzo, no el talento, como recomienda también la AEP (AEP, En Familia). En una serie de experimentos con alumnos de quinto curso, los niños elogiados por ser listos mostraron, tras un fracaso, menos constancia y menos disfrute que los elogiados por su esfuerzo (Mueller & Dweck 1998). El tamaño de estos efectos en la vida real se discute: dos metaanálisis encontraron en conjunto efectos débiles de la mentalidad sobre el rendimiento escolar (Sisk et al. 2018). Aun así, «Lo has intentado tres veces» es más honesto que «Qué listo eres».
Practicar la calma cuando todo está tranquilo
Con tu hijo en plena rabieta no es momento de ejercicios. Pero lo que habéis practicado en días tranquilos es más fácil de ofrecer después.
En la Respiración con formas, tu hijo recorre una forma con el dedo y respira a su ritmo. En las Posturas de estatua, mantiene posturas sencillas durante cinco respiraciones tranquilas. Probad los dos una tarde buena, sin motivo. Después de una partida perdida podrás preguntarle: «¿Hacemos primero una estatua y luego la revancha?».
Para decir lo que le pasa, tu hijo necesita palabras como decepcionado, celoso o «no es justo». En la Mímica de emociones, uno representa un sentimiento sin palabras y el otro lo adivina. Tienes más ideas en los ejercicios de calma y emociones y en Ejercicios de respiración para niños.
No está demostrado que estos ejercicios reduzcan la frustración en casa. Son un ritual para volver al juego.
Cuándo pedir ayuda
Llorar, protestar o dejar la partida después de perder forma parte de crecer. Habla con el pediatra si alguno de estos puntos encaja con tu hijo:
- La rabia acaba a menudo en golpes: tu hijo pega, muerde o se hace daño a sí mismo o a otros.
- Los estallidos son muy frecuentes e intensos durante meses, no solo en los juegos.
- En la escuela infantil o en el colegio notan dificultades parecidas, o tu hijo pierde amistades.
- Tu hijo sufre por ello y dice cosas como «No sé hacer nada».
El pediatra puede valorar si conviene estudiarlo más a fondo y derivaros a un especialista si hace falta. Aquí no encontrarás, a propósito, ninguna lista para autodiagnosticarse: una frustración muy intensa tiene muchas causas posibles.
Ejercicios relacionados
- 30Posturas de estatuaInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleMantener posturas sencillas durante cinco respiraciones tranquilas.
- 10Respiración con formasRecorrer una forma con el dedo y respirar a su ritmo.
- 29Mímica de emocionesInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleRepresentar un sentimiento sin palabras mientras el otro adivina.
- 24El juego de lo contrarioInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleTu hijo hace siempre justo lo contrario de lo que dices.
- 5Coloca los puntosMirar un patrón de colores un momento y luego reconstruirlo de memoria.
Preguntas frecuentes
¿Cómo ayudar a un niño que no sabe perder?
Pon nombre a lo que siente en lugar de quitarle importancia: «Estás decepcionado». Mantén el límite si vuelan las fichas. Durante una temporada, elegid juegos cooperativos y de dados antes que los de estrategia, y haced partidas cortas. No le dejes ganar siempre. Y enséñale con tu ejemplo cómo se pierde.
¿Por qué mi hijo se frustra por todo?
Suelen juntarse varias cosas: la capacidad de aguantar todavía está madurando, tu hijo se ha propuesto mucho y quizá está cansado o con hambre, algo que favorece las rabietas (Famiped, AEPap). Algunos niños, además, se rinden antes que sus hermanos. Fíjate en cuándo llega la frustración. A menudo hay un patrón, por ejemplo por la tarde o con ciertas tareas.
¿Cómo trabajar la tolerancia a la frustración en niños de 4 años?
A esta edad, frustrarse a menudo es normal, y la capacidad de regularse todavía es limitada (Cole et al. 2011). Para empezar, encajan los juegos cooperativos, los de dados y las partidas muy cortas. Pon palabras a lo que siente, mantén pocas normas claras y deja que vea cómo pierdes tú. Practicad juegos de calma como las estatuas en momentos tranquilos, no en plena rabieta.
¿Es bueno dejar ganar a los niños?
De vez en cuando sí, sobre todo con los más pequeños. Pero un niño que siempre gana nunca practica perder. Funciona mejor equilibrar la partida a la vista que jugar mal a escondidas: juega con una mano a la espalda, dale ventaja en la salida o un turno extra. Así sus victorias son de verdad, y cuando pierde puedes acompañarle.
Para seguir leyendo
Fuentes
- Bonet de Luna y Recuero: El niño y sus espectáculos: las rabietas, Familia y Salud (AEPap)
- Cole et al. (2011): cambios con la edad en el enfado y la atención mientras los niños esperan, Developmental Psychology
- Xia et al. (2023): por qué los niños pequeños sobrestiman su rendimiento, Journal of Experimental Child Psychology
- Urraca Camps: Acompañar la gestión emocional de la infancia, En Familia, Asociación Española de Pediatría
- Eddy Ives y Fernández Pérez: Autoestima en infancia y adolescencia, En Familia, Asociación Española de Pediatría
- Mueller & Dweck (1998): elogiar la inteligencia puede minar la motivación y el rendimiento de los niños, Journal of Personality and Social Psychology
- Sisk et al. (2018): dos metaanálisis sobre mentalidad de crecimiento y rendimiento escolar, Psychological Science