Enseñar emociones a los niños: ponerles nombre jugando

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Poner nombre a las emociones es dar una palabra a lo que pasa por dentro, como rabia, decepción u orgullo, y los niños aprenden esas palabras sobre todo de adultos que se dan cuenta de lo que sienten y lo dicen en voz alta. Enseñar emociones a los niños pasa sobre todo por nombrarlas en el día a día, ampliar el vocabulario poco a poco y jugar a juegos cortos.

Poner nombre a lo que se siente: qué dicen los pediatras

Un ejemplo: un niño que puede decir «¡Estoy enfadado!» tiene otra forma de mostrarlo, además de los pies y los puños. La Asociación Española de Pediatría lo resume así: para un niño, sentirse comprendido por una persona querida y poder poner nombre a la emoción que vive facilita el inicio de la regulación emocional (AEP, En Familia).

Un metaanálisis que reunió muchos estudios analizó cómo se relaciona el conocimiento de las emociones con las habilidades sociales en niños y adolescentes. Encontró relaciones pequeñas o medianas y las describe como constantes pero modestas (Trentacosta & Fine 2010). Una relación no prueba que las palabras cambien algo por sí solas. Una palabra no es un interruptor, sino más bien una herramienta que tu hijo irá usando cada vez más.

En el día a día, eso significa sobre todo muchas ocasiones pequeñas en las que una emoción recibe un nombre: jugando, leyendo un cuento, en el desayuno. Los apartados de abajo muestran cómo puede ser, con frases para probar y cinco juegos que casi no necesitan material.

Cómo enseñar a identificar las emociones a los niños

Los niños pequeños no empiezan con una lista completa de emociones. Estudios con niños de 2 a 4 años apuntan a que primero tienen dos grandes cajones, bien y mal, y luego los van separando poco a poco en alegría, enfado, tristeza, miedo y otras (Widen & Russell 2010). Por eso un niño de tres años llama a veces «enfado» al miedo.

Las palabras las aprende de ti. Cuando dices lo que ves en él, le devuelves la emoción como un espejo: «Qué sonrisa. Estás muy orgulloso de tu torre». Cuando dices lo que sientes tú, le das ejemplo: «Estoy un poco agobiado porque llegamos tarde». La AEP recomienda servirles de ejemplo con nuestro propio manejo de las emociones, para que aprendan cómo nos regulamos y volvemos a la calma (AEP, En Familia).

Un ejemplo del día a día: tu hijo da un portazo porque se le ha caído la torre. En lugar de decir enseguida «¡Para ya!», empiezas por: «Estás muy enfadado porque se ha roto tu torre». Después habláis de la puerta. Es solo una frase más. Al principio puede sonar raro y con el tiempo sale sola. A veces tu hijo te corregirá: «¡No, estoy triste!». También entonces acabáis de hablar de emociones.

Dónde se notan las emociones en el cuerpo

Antes de decir «tengo miedo», un niño suele notar algo en el cuerpo. La AEP propone nombrar las emociones y descubrir con los niños en qué lugar del cuerpo las notan y cómo, por ejemplo el corazón acelerado, calor o frío o la boca seca (AEP, En Familia).

Un estudio en Finlandia pidió a 331 niños y adolescentes de 6 a 17 años que colorearan en una silueta dónde sentían distintas emociones. Ya a los 6 años asociaban la alegría, el miedo y la sorpresa a patrones distintos, y con la edad los mapas se volvían más precisos (Hietanen et al. 2016). De ahí sale un juego: dibujad la silueta de tu hijo en papel de embalar y preguntad: «¿Dónde notas la rabia? ¿Y la alegría?». Tu hijo colorea el sitio, sin respuestas equivocadas.

Después de un movimiento tranquilo también podéis hablar del cuerpo. En las Posturas de estatua, tu hijo mantiene una postura sencilla durante cinco respiraciones tranquilas. Después puedes preguntarle: «¿Cómo notas ahora el cuerpo? ¿Más bien flojo o más bien firme?».

Más palabras que alegre, triste y enfadado

Muchos niños conocen tres o cuatro palabras para lo que sienten, y todo lo demás acaba en «mal». Cuantas más palabras conozca tu hijo, más formas tendrá de contarte qué le pasa. Es práctico ordenar las grandes emociones por familias:

  • Enfado: fastidio, rabia, celos, sentirse dejado de lado.
  • Miedo: nervios, preocupación, inseguridad, susto.
  • Tristeza: decepción, soledad, pena, echar de menos.
  • Alegría: orgullo, alivio, ilusión, gratitud.

Para explicar una emoción, usa una situación en vez de una definición: «La decepción es lo que sientes cuando tenías muchas ganas de algo y al final no pasa. Como hoy, cuando se suspendió la excursión». Con una palabra nueva por semana basta. Usadla hasta que suene normal.

Cuéntale también que las emociones pueden mezclarse: se puede tener ilusión por el colegio nuevo y miedo a la vez.

Actividades para enseñar emociones a los niños

Jugando, el tema pesa menos. Cinco ideas que casi no necesitan material:

  • Mímica de emociones: en la Mímica de emociones, uno representa un sentimiento sin palabras y el otro lo adivina. Equivocarse suele dar la mejor conversación: «Pensaba que estabas enfadado, pero estabas decepcionado. ¿En qué se nota?».
  • Termómetro de las emociones: dibujad un termómetro con cinco niveles, abajo «un poco» y arriba «muchísimo». Tu hijo señala lo fuerte que es una emoción ahora mismo. Así podéis descubrir juntos que fastidio y rabia pueden ser dos niveles de lo mismo.
  • Caras en platos: dibujad caras en platos de cartón, por ejemplo orgullo, aburrimiento o susto, y luego imitadlas delante del espejo.
  • Charlas con cuentos: para un momento al leer y pregunta: «¿Cómo se siente el oso ahora? ¿En qué lo notas? ¿Qué harías tú?». La AEP menciona cuentos como «El monstruo de colores» (AEP, En Familia).
  • El tiempo emocional: en el desayuno, cada uno dice qué tiempo hace dentro de él: sol, nubes, lluvia o tormenta. El tiempo es más fácil de decir que «estoy triste», y además pasa.

Para los cinco juegos vale lo mismo: rondas cortas, jugar tú también y tomarse los errores con humor. Cinco minutos bastan. Cuando tu hijo ya no tenga ganas, el juego se acaba por hoy, y mañana hay otra ronda. Si queréis, cambiad los papeles: tu hijo representa una emoción o te pregunta qué tiempo hace dentro de ti.

Tienes más juegos tranquilos en los ejercicios de calma y emociones.

El tiempo emocional en la asamblea de infantil

En educación infantil y en los primeros cursos de primaria, el tiempo emocional encaja bien en la asamblea de la mañana. Puede ir así:

  1. Poned cuatro tarjetas de tiempo en el centro: sol, nube, lluvia y tormenta.
  2. Empieza la maestra o el maestro con su propio tiempo: «Hoy tengo nubes, he dormido mal».
  3. Por turnos, cada niño deja una piedra o una pinza junto a una tarjeta. Quien quiera, dice una frase.
  4. Se puede pasar. Nadie tiene que explicar por qué llueve.
  5. Si alguien elige tormenta, el adulto le pregunta más tarde a solas, no delante de toda la clase.

Haced la ronda rápida y no valoréis ningún tiempo: la lluvia también está bien. Después de unas semanas podéis pasar a palabras más precisas, y la nube se convierte en «cansado» o «un poco triste». En casa funciona igual en el desayuno, con pinzas en la nevera.

Qué decir: nombrar la emoción y mantener el límite

En el día a día, las emociones llegan en el pasillo cuando pica el gorro o en el coche cuando el hermano tiene más gominolas. Prueba con un esquema sencillo: primero nombrar la emoción, luego el límite y después una salida.

  • «Estás enfadado porque él tiene más. Dar patadas no está bien. Dímelo con palabras.»
  • «Te da pena que nos vayamos. Nos vamos ya. Mañana volvemos.»
  • «¿Puede ser que estés más triste que enfadado?» Pregunta con cuidado y deja que te corrija.

La AEP lo dice claro: es válido sentir cualquier emoción, pero no cualquier conducta, y los límites se ponen desde la calma y el respeto (AEP, En Familia). Tomarse en serio una emoción no significa ceder.

Si tu hijo ya está fuera de sí, primero van la cercanía y la calma. Si en días tranquilos habéis practicado la Respiración con formas o el Trazo tranquilo en la pared, puedes ofrecérselos después. Tienes más en Ejercicios de respiración para niños.

Cuándo pedir ayuda

Cada niño aprende las palabras de las emociones a su ritmo. Habla con el pediatra si te preocupa algo, por ejemplo:

  • Tu hijo parece triste, con miedo o retraído durante semanas y apenas juega.
  • Las rabietas son muy frecuentes e intensas, y se hace daño o se lo hace a otros.
  • Habla mucho menos que otros niños de su edad o cuesta entenderle.
  • En la escuela infantil o en el colegio notan cosas parecidas.

El pediatra puede valorar el desarrollo de tu hijo en conjunto y derivaros a un especialista si hace falta, por ejemplo a logopedia o a psicología infantil. Aquí no encontrarás, a propósito, ninguna lista para autodiagnosticarse.

Ejercicios relacionados

Preguntas frecuentes

¿Cómo enseñar a identificar las emociones a los niños?

Sobre todo hablando de ellas en el día a día. Di lo que ves en tu hijo, pon nombre a tus propias emociones en voz alta y comentad cómo se sienten los personajes de los cuentos. Los niños pequeños separan primero entre bien y mal, y solo poco a poco distinguen emociones concretas (Widen & Russell 2010). Con juegos como la mímica o el termómetro de las emociones, las palabras nuevas aparecen jugando.

¿A qué edad los niños reconocen emociones?

Poco a poco y durante muchos años. Entre los 2 y los 4 años, los niños pasan de dos grandes categorías, bien y mal, a emociones más concretas como alegría, enfado o miedo (Widen & Russell 2010). En un estudio, ya a los 6 años asociaban algunas emociones a sensaciones distintas en el cuerpo, y esos mapas se afinaban con la edad (Hietanen et al. 2016).

¿Cómo se usa el termómetro de las emociones con niños?

Dibujad un termómetro con unos cinco niveles, de «un poco» abajo a «muchísimo» arriba. Pide a tu hijo que señale lo fuerte que es una emoción y poned juntos palabras a cada nivel, como fastidio, enfado y rabia. Usadlo primero en días tranquilos. Más adelante, cuando esté alterado, señalar le resultará más fácil que hablar.

¿Cómo enseñar a expresar emociones a los niños?

Ofrécele más de un camino. Hay niños que hablan y otros que prefieren señalar una tarjeta de tiempo, representar una emoción con mímica o colorear en una silueta dónde la notan. Hazlo tú también: «Estoy frustrado porque la impresora se ha atascado». Mantén la calma cuando salgan emociones fuertes y pon límites a la conducta mientras aceptas lo que hay detrás.

Para seguir leyendo

Fuentes

  1. Urraca Camps: Acompañar la gestión emocional de la infancia, En Familia, Asociación Española de Pediatría
  2. Asociación Española de Pediatría: Las rabietas: comprender para poder acompañar, En Familia
  3. Trentacosta & Fine (2010): metaanálisis sobre conocimiento emocional, competencia social y problemas de conducta, Social Development
  4. Widen & Russell (2010): cómo se diferencian las categorías de emociones en preescolar, Emotion
  5. Hietanen et al. (2016): mapas corporales de las emociones a lo largo de la infancia, Developmental Science

Este artículo es una ayuda para el día a día en familia. No sustituye un diagnóstico ni el consejo de un médico, psicoterapeuta o terapeuta ocupacional. Más información