Mi hijo no me hace caso: qué hacer sin gritar
Cuando tu hijo no te hace caso, muchas veces está en otro sitio con la cabeza: metido en el juego, perdido entre demasiadas palabras o recibiendo la orden desde otra habitación. Lo que ayuda es una instrucción que llegue: acercarte, mirarle a los ojos, decir su nombre, dar una sola indicación corta que diga qué hacer y luego cumplir lo dicho con calma.
Por qué los niños desconectan
Llamas desde la cocina: «¡A cenar!». No pasa nada. Lo repites, más alto. En su cuarto, la torre de bloques sigue creciendo. A la tercera estás en la puerta y tu hijo levanta la vista sorprendido, como si no hubiera oído nada. Quizá de verdad no lo oyó.
No eres la única familia. Una revisión publicada en la revista Pediatrics describe la desobediencia infantil como un problema frecuente para los padres y un tema que llega una y otra vez a la consulta del pediatra (Kalb & Loeber 2003). Los motivos suelen ser cotidianos:
- Metido en el juego: centrarse en una cosa y dejar fuera el resto es una de las capacidades con las que el cerebro dirige la conducta, según la psicóloga del desarrollo Adele Diamond (Diamond 2013). Un niño absorto en construir hace justo lo que luego le pediremos en el colegio.
- Cambiar de actividad cuesta: pasar del juego a otra cosa exige flexibilidad mental, y según Diamond esa capacidad se desarrolla bastante más tarde que las demás.
- Demasiadas palabras: en una explicación larga, lo importante se pierde con facilidad, sobre todo si llega en la última frase.
- Demasiados encargos a la vez: de «vístete, lávate los dientes y busca el gorro» a muchos niños solo les queda una parte. El porqué lo explica el artículo Memoria de trabajo en niños.
- La voz desde otra habitación: una voz sin cara, entre el lavavajillas y la radio, es fácil de pasar por alto.
Qué es normal a cada edad
Las capacidades que un niño necesita para escuchar, cambiar de actividad y recordar maduran despacio. Siguen desarrollándose durante toda la infancia y hasta la adolescencia (Diamond 2013). Un niño de dos o tres años que dice «no» a casi todo se comporta según su edad, y a los tres años ya es mucho que pare un momento y te mire.
Después todo se vuelve más fácil, pero no de golpe, tampoco a los cuatro, cinco o seis años. Cuanto más pequeño sea tu hijo, más corta y sencilla tiene que ser la indicación. Una sola instrucción clara es un buen punto de partida.
Incluso a los siete u ocho años hay días en los que nada llega. Diamond explica que estas capacidades son las primeras en resentirse, y las que más, cuando alguien está estresado, triste, solo o falto de sueño (Diamond 2013). Después de un día largo de colegio y con el estómago vacío, pocos niños escuchan bien. Compara a tu hijo consigo mismo hace unos meses, no con el hijo de los vecinos.
Mi hijo no me hace caso: primero conectar, luego hablar
Los CDC de Estados Unidos dividen una buena instrucción en cuatro pasos. El primero es captar la atención de tu hijo: estar cerca, establecer contacto visual y, si hace falta, decir su nombre (CDC, en inglés). En el día a día se ve así:
- Acercarte: deja la cuchara y ve a su cuarto. Son veinte segundos y te ahorras los gritos.
- Ponerte a su altura: agáchate y apoya una mano en su hombro si le gusta.
- Decir su nombre y esperar a que levante la vista.
- Solo entonces, hablar.
Si está muy metido en el juego, un objeto ayuda: lleva los zapatos contigo cuando toca vestirse. Así queda claro de qué se trata antes de decir nada.
Una sola indicación, corta y en positivo
El segundo paso de los CDC es la instrucción en sí: adecuada a su edad, concreta, como afirmación y no como pregunta, diciendo lo que quieres que haga y de una en una. Con voz firme pero tranquila, sin gritar ni suplicar (CDC, en inglés). Suena así:
- «¿Te pones los zapatos?» pasa a ser «Ponte los zapatos, por favor». Una pregunta deja abierta la respuesta «no».
- «¡No corras!» pasa a ser «Camina a mi lado». Tu hijo oye qué tiene que hacer, no solo qué tiene que dejar de hacer.
- «Recoge» pasa a ser «Mete los coches en la caja roja». Cuanto más concreto, más fácil.
- Tres encargos a la vez pasan a ser uno. El siguiente llega cuando el primero está hecho.
Después, pídele que lo repita con sus palabras: «¿Qué vas a hacer ahora?». Así sabes enseguida si ha llegado. Las explicaciones largas, mejor en un momento tranquilo que en el minuto de salir de casa.
Avisar antes de los cambios
Dejar un juego a medias les cuesta a casi todos los niños, y a los adultos también. La Academia Americana de Pediatría aconseja prepararse con anticipación para las situaciones en las que a un niño le puede costar comportarse (AAP). Los cambios de actividad son una de ellas, así que avisa con tiempo:
- «En cinco minutos cenamos. Termina la torre».
- «Dos rondas más y nos vestimos».
- Un temporizador de cocina que tu hijo pueda ver hace que el tiempo se entienda.
Cuando suene, llega la indicación como antes: acercarte, mirarle, su nombre, una frase.
Consecuencias en lugar de amenazas
Muchas familias conocen la secuencia: pedir, repetir, subir la voz, amenazar y al final ceder. Para un niño, eso se traduce enseguida en que las primeras veces no cuentan.
Los CDC proponen otro camino. Da un aviso con calma, con una frase sencilla del tipo «si... entonces...», y avisa solo si estás dispuesto a aplicar la consecuencia. Esta debe llegar justo después de la conducta y estar directamente relacionada con ella (CDC).
- «Si los coches no están en la caja cuando suene el temporizador, los guardo yo y se quedan en el armario hasta mañana».
- «Si la pelota sigue volando por el pasillo, se queda en la estantería hasta después de cenar».
Lo que no encaja: amenazas que nunca cumplirías, como «Pues no nos vamos de vacaciones». Gritar tampoco sirve. La Academia Americana de Pediatría explica que los gritos y avergonzar a un niño no funcionan para corregir la conducta y pueden dañarle a largo plazo (AAP). Los CDC añaden que gritar es una forma poco sana de atención negativa (CDC).
Igual de importante es la otra cara. Cuando tu hijo viene a la primera, díselo: «Has venido enseguida, gracias». Los CDC recomiendan usar los elogios tanto como sea posible para las conductas que quieres que se repitan (CDC). Si lo que más te cuesta es que interrumpa o no sepa esperar, mira Juegos de control de impulsos para niños en casa.
Juegos en torno a la escucha
En algunos juegos, escuchar forma parte de la diversión. Estos juegos caben en unos minutos en la mesa de la cocina o en el pasillo:
- Simón dice: tu hijo solo obedece si la frase empieza con «Simón dice». Tiene que escuchar hasta el final antes de moverse.
- Eco de palmas: tú marcas un ritmo con palmas y tu hijo lo repite igual.
- Cadena de instrucciones: escucha varias instrucciones seguidas, las repite y las hace en orden. Empieza con dos.
- Hago la maleta: cada turno repite toda la lista y añade una cosa más.
- Toca el color: dices un color y tu hijo lo toca con la mano correspondiente.
Tienes más juegos así en los juegos de memoria para niños. Estos juegos son un rato juntos, no un programa de entrenamiento, y no sustituyen los pasos de arriba. Unas ideas para que siga siendo divertido: cambiad los papeles, así tu hijo es Simón y te toca escuchar a ti. Decid las órdenes en voz baja o tocad el eco de palmas muy flojito. Y parad mientras todos se siguen riendo.
Cuándo revisar el oído y consultar al pediatra
A veces un niño de verdad oye mal. La Academia Americana de Pediatría señala que un niño puede no responder siempre cuando lo llaman y que esto se confunde a menudo con falta de atención o resistencia, aunque podría deberse a una pérdida auditiva parcial (AAP).
Muchas veces es algo pasajero. La mayoría de los niños tienen una pérdida auditiva leve y temporal cuando se acumula líquido detrás del tímpano por congestión, resfriados u otitis, y la audición vuelve cuando el líquido drena (AAP). La Asociación Española de Pediatría aconseja acudir al pediatra cuando sospeches que tu hijo no oye bien, si le cuesta entender una conversación o si tienes que repetirle las palabras a menudo (AEP En Familia).
Habla con el pediatra si tu hijo te pide a menudo que repitas, no responde muchas veces cuando le llamas, parece oír unos sonidos y otros no, se le entiende mal al hablar o parece oír peor después de un catarro. Desde la consulta pueden revisar la audición y derivaros al otorrino si hace falta.
¿Y el TDAH? Que un niño no haga caso tiene muchas causas posibles. Si la duda te sigue rondando porque en casa, en el colegio o en la escuela infantil pasa lo mismo desde hace meses, consúltalo con el pediatra. Cómo hacerlo lo explica Sospecha de TDAH en niños: qué hacer como familia.
Ejercicios relacionados
- 22Simón diceInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleSolo hay que obedecer si la frase empieza con “Simón dice”.
- 25Eco de palmasInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleTú marcas un ritmo con palmas y tu hijo lo repite igual.
- 27Cadena de instruccionesInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleEscuchar varias instrucciones seguidas, repetirlas y hacerlas en orden.
- 26Hago la maletaInstrucciones completas en el cuaderno imprimibleCada turno repite toda la lista y añade una cosa más.
- 1Toca el colorDices un color y tu hijo lo toca con la mano correspondiente.
Preguntas frecuentes
¿Qué hago si mi hijo no me hace caso a nada?
Empieza por menos, no por más: menos órdenes al día, cada una dicha de cerca, con contacto visual y de una en una. Avisa solo de consecuencias que vayas a cumplir y cúmplelas con calma. Elogia cada vez que te haga caso a la primera. Si después de unas semanas nada cambia, o si sospechas que no oye bien, habla con el pediatra.
Mi hijo de 3 años no me hace caso, ¿es normal?
En gran parte, sí. A esa edad la capacidad de frenar lo que está haciendo y cambiar de actividad está todavía muy verde y madura poco a poco durante toda la infancia. Ayudan frases muy cortas, acercarte y agacharte, avisar antes de los cambios y enseñar con el ejemplo lo que quieres que haga.
¿Que un niño no haga caso es señal de TDAH?
No por sí solo. Los niños desconectan por muchos motivos, desde el cansancio o un juego que les absorbe hasta un problema de audición. Solo un profesional puede decir, tras una evaluación cuidadosa, si hay un TDAH detrás, y ninguna lista de internet responde a esa pregunta. Si te preocupa, el pediatra es la primera persona a quien acudir.
Para seguir leyendo
Fuentes
- Kalb & Loeber (2003): desobediencia infantil, revisión de estudios (Child disobedience and noncompliance), Pediatrics
- Diamond (2013): Executive Functions, Annual Review of Psychology
- CDC: Steps for Giving Good Directions (en inglés)
- CDC: Responder a la conducta
- Academia Americana de Pediatría: ¿Cuál es la mejor forma de disciplinar a mi hijo?, HealthyChildren.org
- Academia Americana de Pediatría: Pérdida de la audición en los niños, HealthyChildren.org
- AEP En Familia: Detección precoz de la sordera en el recién nacido, aeped.es