Noción del tiempo en niños: cómo se desarrolla y qué ayuda

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La noción del tiempo en niños se desarrolla despacio: palabras como «enseguida», «mañana» o «cinco minutos» ya las usan en infantil, pero cuánto duran lo entienden a menudo años después. En el día a día puedes hacer visible el tiempo, con un reloj de arena, un temporizador que se encoge, anclas fijas en el día y palabras de tiempo que se repiten.

La noción del tiempo en niños, paso a paso

«¿Cuánto falta?» Es la pregunta de todos los viajes en coche. No es impaciencia porque sí. Para un niño, el tiempo es algo muy abstracto: no se puede tocar, ni ver, ni contar como los bloques de construcción.

La investigación ha analizado cuándo entienden los niños palabras como «ayer» y «mañana». Muchos las dicen ya a los dos o tres años. En un trabajo, entender como un adulto que «ayer» ya pasó y «mañana» está por llegar, y en qué orden ocurren las cosas, aparecía entre los cuatro y los seis años. Entender a qué distancia está algo, que «la semana pasada» queda mucho más lejos que «ayer», llegaba después de los siete (Tillman et al. 2017).

El castellano tiene expresiones propias como «anteayer» y «pasado mañana». Al principio, a un niño le basta con «ayer» y «mañana». Las demás llegan con el tiempo, a base de oírlas en frases que tienen que ver con su día.

Estos trabajos muestran cuándo entienden los niños esas palabras. Usan tareas pequeñas, como colocar pegatinas en una línea del tiempo. No dicen cuál es la forma más rápida de enseñar el tiempo. En el día a día, eso significa sobre todo paciencia, y mostrar el tiempo allí donde las palabras todavía no llegan.

Por qué «cinco minutos» dice poco a los cuatro años

Dices «Nos vamos en cinco minutos» y al minuto tu hijo pregunta: «¿Ya?». No es que no te escuche. Los niños usan palabras como «minuto» y «hora» muy pronto, pero tardan años en saber cuánto dura cada una. En un trabajo, los niños de infantil sabían a menudo que una hora es más larga que un minuto, pero apenas tenían idea de cuánto dura un minuto (Tillman & Barner 2015).

En muchos niños, ese sentido de la duración real solo apareció después de aprender las definiciones exactas, por ejemplo que un minuto tiene sesenta segundos. Para un niño de cuatro años, «cinco minutos» es una palabra sin contenido. Y, siendo sinceros, los cinco minutos de los adultos suelen parecerse más a quince.

Lo que sí entienden bien los niños es lo que pueden ver o contar:

  • «Dos veces más por el tobogán» en lugar de «cinco minutos más».
  • «Cuando termine la canción» en lugar de «enseguida».
  • «Después de comer» en lugar de «a las dos».
  • «Cuando caiga toda la arena» en lugar de «en tres minutos».

Hacer visible el tiempo: reloj de arena, temporizador visual y luz

La respuesta más sencilla a «¿Cuánto falta?» es una que tu hijo pueda leer solo. Para eso hay algunas herramientas sencillas.

  • Reloj de arena: la arena cae a la vista de todos, sin números. Un clásico es el reloj de arena para lavarse los dientes junto al lavabo. Los más grandes duran diez minutos, por ejemplo para recoger.
  • Temporizador visual: una zona de color se va haciendo pequeña hasta que se acaba el tiempo. De un vistazo, tu hijo ve si queda mucho o poco. Algunos cambian de color como un semáforo.
  • Despertador infantil con luz: por ejemplo, se pone verde cuando ya se puede levantar. Los fines de semana, tu hijo no tiene que adivinar si ya es hora.
  • Música: una canción tiene principio y final. «Recogemos hasta que acabe la canción» es un rato que cualquier niño conoce.

Que sea analógico o digital importa menos que la forma. Una superficie que se encoge se puede leer sin conocer los números. Los números que bajan, en cambio, exigen saber leerlos. En la Teselora App, por ejemplo, el temporizador es un anillo tranquilo que se va encogiendo hasta que se acaba el tiempo.

Empieza con tiempos cortos, dos o tres minutos, y con momentos en los que el final trae algo bueno: «Cuando desaparezca el anillo, la pasta estará lista». Así tu hijo relaciona primero el temporizador con algo bonito, y no solo con la señal de que se acabó el juego.

Palabras de tiempo en el día a día: ayer, mañana, después de comer

Los niños aprenden las palabras de tiempo oyéndolas a menudo, en frases que encajan con su día. No hace falta explicar nada. Basta con usarlas a propósito, una y otra vez.

  • En la cena: «¿Qué ha sido lo mejor de hoy? ¿Qué hacemos mañana?»
  • Al vestirse: «Ayer llevabas el pantalón rojo, hoy el azul».
  • Con anclas en el día: «Después de comer vamos a casa de la abuela». «Antes de cenar recogemos».
  • Con los días de la semana: «Hoy es martes, y el martes toca piscina».

Las comidas son buenas anclas. En un trabajo, los niños de cuatro años podían ordenar el desayuno, la comida y la cena en una línea con un poco de ayuda. La mayoría empezaba a pensar el tiempo como una línea por sí sola en los primeros años de primaria (Tillman et al. 2018). Una tira con tres dibujos para el desayuno, la comida y la cena hace visible ese orden.

Para los más pequeños, las partes del día se entienden mejor que las horas del reloj. Mañana, tarde y noche funcionan mejor que las 8:00, las 17:30 y las 21:00.

Anunciar los cambios con un temporizador

Del parque a casa, del juego a la mesa, del baño a la cama: los cambios de actividad son los momentos en los que el tiempo de repente importa. Un aviso y un temporizador los convierten en algo que tu hijo ve venir.

  1. Anúncialo con algo que se pueda contar: «Tres columpios más y nos vamos».
  2. Poned juntos el temporizador y miradlo un momento. Tu hijo también puede ponerlo en marcha.
  3. Cuando se acabe el tiempo, señala el temporizador en lugar de volver a negociar. El tiempo lo ha marcado el temporizador, no tú.
  4. Di qué viene después: «Ahora vamos a casa y allí hay manzana para merendar».

Una cuenta atrás de diez a cero, en voz alta, suena fácilmente a amenaza. Un temporizador que ponéis juntos es un acuerdo. Los dos cuentan hacia atrás, pero solo uno se siente como algo que hacéis en equipo.

Hacer visible la espera: ¿cuántas noches faltan?

Cuanto más lejos está algo, más difícil es para un niño situarlo. «Tu cumpleaños es dentro de tres semanas» es para un niño de infantil casi tan concreto como «algún día». Contar en noches es más fácil de entender, porque cada noche es algo que tu hijo vive.

  • Una cuenta atrás para Reyes: una casilla por noche en una hoja, y cada mañana se tacha una. Las casillas que quedan muestran cuánto falta.
  • Una cadena de papel: un eslabón por cada noche hasta el cumpleaños. Cada noche, tu hijo arranca uno.
  • Un calendario semanal con dibujos: el día de la visita a los abuelos lleva un dibujo, y cada día que pasa se tacha.
  • Primero, plazos cortos: para los más pequeños, una semana suele ser horizonte suficiente. Lo que está más lejos se puede anunciar más adelante.

Aquí también ayuda el lenguaje. Un niño de cuatro años entiende «dos noches más». «Pasado mañana» lo irá aprendiendo con el tiempo. Usad las dos formas a la vez.

Aprender a leer la hora llega después

El reloj mide el tiempo, pero no explica cuánto dura. Por eso suele llegar después de los otros pasos. El currículo estatal de primaria incluye en el primer ciclo las unidades de tiempo (año, mes, semana, día y hora) en situaciones cotidianas, y en el segundo ciclo la medida del tiempo en horas y minutos con reloj analógico y digital (Real Decreto 157/2022). Cada comunidad autónoma lo concreta en su propio currículo.

Antes, en casa podéis preparar el terreno jugando, sin presión:

  • Un reloj de juguete con agujas que se mueven, para poner horas en punto: «Cuando la aguja pequeña esté en el dos, comemos».
  • Trozos de color en el reloj de verdad, por ejemplo uno verde para el rato de juego de la tarde.
  • Primero las agujas, después los números digitales. En las agujas se ve cómo pasa el tiempo. En los números, no.

Que tu hijo sepa leer la hora no significa que tenga ya una idea clara de lo que dura media hora. Esa idea se sigue desarrollando a lo largo de primaria. Mientras tanto, el temporizador, el «dos noches más» y las charlas sobre ayer y mañana siguen siendo compañeros prácticos en el día a día.

Preguntas frecuentes

¿Los niños tienen noción del tiempo?

Sí, pero se forma poco a poco. Muchos niños dicen «ayer» y «mañana» a los dos o tres años. En la investigación, aprenden a distinguir con seguridad lo que ya pasó de lo que está por venir entre los cuatro y los seis años. Saber a qué distancia está algo, o cuánto dura un minuto o una hora, suele llegar ya en primaria.

¿Cómo explicar el paso del tiempo a los niños?

Explica menos y muestra más. Usa un reloj de arena o un temporizador que se encoge, habla en rondas, canciones o noches en lugar de minutos y semanas, y usa cada día palabras como «ayer», «mañana» y «después de comer». Las rutinas fijas también ayudan, porque en ellas tu hijo puede ver qué viene después.

¿A qué edad aprenden los niños a leer la hora?

En España, la lectura del reloj analógico y digital con horas y minutos aparece en el currículo estatal en el segundo ciclo de primaria, es decir, hacia tercero y cuarto. Antes, en el primer ciclo, se trabajan las unidades de tiempo en situaciones cotidianas. En casa podéis empezar antes con las horas en punto, sin prisa.

¿Reloj de arena o temporizador visual: qué es mejor?

Para los más pequeños sirve todo lo que muestra cómo se acaba el tiempo: un reloj de arena o un temporizador con una zona de color que se encoge. Los números que bajan solo sirven cuando tu hijo ya sabe leerlos. El reloj de arena es silencioso y no necesita pilas. El temporizador se puede poner a cualquier duración.

Para seguir leyendo

Fuentes

  1. Tillman et al. (2017): Today is tomorrow’s yesterday: Children’s acquisition of deictic time words, Cognitive Psychology
  2. Tillman & Barner (2015): Learning the language of time: Children’s acquisition of duration words, Cognitive Psychology
  3. Tillman et al. (2018): The mental timeline is gradually constructed in childhood, Developmental Science
  4. BOE: Real Decreto 157/2022, ordenación y enseñanzas mínimas de la Educación Primaria

Este artículo es una ayuda para el día a día en familia. No sustituye un diagnóstico ni el consejo de un médico, psicoterapeuta o terapeuta ocupacional. Más información